Uno de los grandes problemas que tienen los pobres a nivel mundial es el acceso a los servicios bancarios y financieros.
Según el Grupo Consultivo para la Asistencia a los Pobres (CGAP, por su sigla en inglés, organización sin ánimo de lucro en la que participan 30 agencias de desarrollo y fundaciones privadas y cuya sede está en el Banco Mundial en Washington), actualmente hay 2.700 millones de personas en los países en desarrollo y que no tienen acceso a ningún tipo de servicio bancario básico.
Paradójicamente, en ese grupo de países hay mil millones de personas que tienen teléfonos celulares.
Desde hace más de seis años, el CGAP ha venido trabajando en diferentes proyectos en países en desarrollo realizando la idea de juntar las necesidades bancarias de los pobres con las poderosas oportunidades que representan las nuevas tecnologías de las comunicaciones y la información, TIC, y, en particular, la telefonía móvil.
El reto que esta idea significa no es algo fácil de lograr, pues son diversos los agentes que se tienen que coordinar y operar.
Igualmente, las barreras institucionales, educativas y culturales hacen difícil poner en práctica una idea que, en principio, además de lógica y poderosa, aliviaría la vida de millones de personas en el mundo y, muy especialmente, de las gentes que viven en parajes alejados de los núcleos urbanos.

