En 2001, prácticamente al mismo tiempo que se “bautizaba” a la web 2.0, Tim Berners Lee, creador de la World Wide Web, acuñó otro término: el de la “web semántica” para referirse a un medio cibernético capaz de de interpretar e interconectar un número mayor de datos, lo que permitiría el avance en el campo del conocimiento.

Berners Lee afirmó en la revista Scientific American que esta transformación traería aparejada una evolución en el conocimiento humano sobre investigaciones genéticas, tratamiento farmacológico de enfermedades hasta ahora incurables, entre otros avances, que no quedaban muy claros entonces.

Por su parte, Andrew Updegrove, otro de los padres tecnológicos de la web, afirmó que a diferencia de la web 1.0, basada en páginas online y difusión de documentos sin posibilidad de interacción, la etapa de la “web semántica” implicará una evolución en el internet actual, a partir de definición de estándares que se incorporaba a la red de redes: los identificadores uniformes de recurso (URIs), base semántica de la web, el Extensible Markup Language (XML) , fundamento sintáctico de la misma y el marco de la descripción del recurso (RDF).

En 2004, se aclaró que, a diferencia de la web 2.0, la “web semántica” o lo que comenzaba a denominarse web 3.0 entre los especializados círculos tecnológicos, se trata de un sistema de codificación semántica totalmente automatizada.

El gran desafío, advirtieron los especialistas del World Wide Web Consortium (W3C), radicará en la capacidad de generar búsquedas precisas e “inteligentes”. Se advirtió que la web 3.0 “convertirá en obsoletos a los buscadores actuales” y significará una evolución en los buscadores actuales.

En la quinta Conferencia Internacional de la Web Semántica, realizada en noviembre de 2006, en pleno auge de Facebook y otras redes sociales, Tom Gruber afirmó que hay una falsa idea que tiende a separar la “web semántica” de la “web social” como dos mundos con ideologías alternativas y en oposición. Esto lo consideró absurdo porque “es hora de abrazar una idea unificada” de ambos modelos.

La idea ha ido evolucionando hasta que en 2011, la “web semántica”, generalmente identificada como web 3.0 es presentada por algunos sitios como Liberateca de la siguiente manera: “la web 2.0 es participación, la web 3.0 es autogestión”.

“Autogestión es en este caso una plataforma web social autoconstruida por su propia comunidad, puesta en línea aún siquiera funcionando un mínimo esqueleto, entregando no sólo la responsabilidad del mantenimiento de los contenidos a la propia comunidad de usuarios, sino también la capacidad de decisión sobre la futura evolución de la plataforma, incluso el poder de diseñarla con sus propias manos y, por supuesto, la responsabilidad de defender los valores que subyacen en su acción colectiva en cualquier caso”, describió el sitio Liberateca (www.blog.alabs.es/liberateca).

El mismo sitio ejemplificó las posibilidades de la “autogestión” en la “web semántica” de esta manera:

“¿Se pueden construir comunidades que vivan cuestiones políticas comunes sobre una estructura que los enlaza aparentemente tan superficial como es ver series de televisión? ¿quiénes ven series de televisión? ¿por qué las ven? ¿estarían dispuestos a defender esa plataforma que los une? ¿hasta qué punto y por qué motivos?.

“Se abre un nuevo espacio de oportunidad para experimentar formas de organización social en entornos no explorados, pero no explorados por no ser conocidos, sino por ‘no enlazados’, quizás faltaba una pieza para activar la combinación que debía producir ese cambio, quizá sólo faltaba el principio de una plataforma que ellos mismos debieran completar, que los pudieran ayudar a enlazarse, a conocerse y a compartir como forma de construirse”.

Las posibilidades de esta nueva plataforma para la autogestión de documentos y de información pública y privada es infinita. El impacto principal que ahora se analiza en torno a la web 3.0 es en materia de transparencia y acceso a la información pública.

Francisco Javier García Marco concluyó en su ensayo “El Reto de la Transparencia y la web 3.0″:

“Hasta el momento, y con escasas y fragmentadas excepciones, las publicaciones oficiales en internet son tan sólo los trasuntos digitales de sus predecesoras, lo que, por otra parte, constituye un avance inmenso en lo que se refiere a su accesibilidad, que es, por otra parte y como hemos visto, un prerrequisito clave de la transparencia.

“Sin embargo, y con ser éste un avance importante, las actuales publicaciones oficiales digitales quedan muy por debajo de las posibilidades que ofrezcan las tendencias actuales de la World Wide Web, que hemos sintetizado utilizando el concepto de web 3.0.

“Avanzar en el etiquetado y la organización semántica de los diarios oficiales y las publicaciones oficiales, en general, permitirá su mejora, ampliación, integración y procesamiento automático. También facilitaría su evolución para dar cuenta de las necesidades emergentes y acuciantes como el control en el acceso a la información y la protección de la privacidad, que se deben resolver sin menoscabo de la transparencia”.

Justo los dos elementos que parecen contraponerse con la evolución y la proliferación de las redes sociales, en especial, de la web 2.0.

“La aplicación de las tecnologías sociales –continúa el especialista- facilitaría enormemente el ejercicio de la crítica y el control ciudadanos y potenciaría a los ciudadanos y a las organizaciones comprometidas con la transparencia para luchar por mejoras en la actividad legal, normativa, judicial y ejecutiva de los estados. A su vez, proporcionaría a los Estados y sus agencias una retroalimentación preciosa que les permitiría ejercer su función en forma más eficaz y eficiente desde los profundos principios democráticos que los sustentan”.

Las fases que propone García Marco son las siguientes:

En primera instancia, proyectos de análisis y demostración para determinados tipos de documentos, susceptibles de ser procesados en una web semántica.

En segunda instancia, avanzar en su generalización para, al final, permitir abordar con garantías la ‘semantización’ y ‘socialización’ completa de las publicaciones oficiales.

El especialista también apunta que la aplicación de la web 3.0 para los fines de transparencia y acceso a la información no podría florecer si todo se le deja al monoplio estatal.

“Pensemos que las primeras recopilaciones legislativas fueron creadas por los Estados y que esa costosa actividad ha ido quedando en manos de empresas privadas que se encargan del mantenimiento de bases de datos, y que han ido dando pasos en la integración por la vía de la concentración empresarial, de manera que ahora la mayoría forman parte de multinacionales.

“Por ello, nuevas formas de colaboración entre entidades públicas y privadas deben surgir para asegurar la eficacia y eficiencia de esta nueva manera de difundir la información pública. La consultoría en el desarrollo de los esquemas de datos y las taxonomías y ontologías gubernamentales constituyen, sin duda, uno de los horizontes más prometedores en el campo de la colaboración político-privada. Otro muy importante es la creación de servicios añadidos sobre el océano de información etiquetada”, sugiere.

¿Estaremos en condiciones de pensar en una red social semántica que le aporte al ciudadano toda la información que requiere sobre sus cuentas bancarias, su historial académico o su expediente médico, por ejemplo? No estamos muy lejos de que la distopía del Big Brother que pretendía controlar la vida de los ciudadanos, hasta su intimidad, a través de la intrusión y la concentración de los medios de comunicación se revierta en función de las redes sociales.

“En cualquier caso –concluye García Marco- es posible afirmar que ambas familias tecnológicas –la web semántica y la web social-, al tomarlas conjuntamente, ofrecen una oportunidad increíble para avanzar en las causas de la transparencia del Estado y de la participación ciudadana; y su aplicación en el campo de las publicaciones oficiales es una piedra angular de la emergente democracia electrónica”.

Fuente:http:/humannova.org/

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